Dedicado a mis fans sevillanos: Enlhadern, Camaleón y Spin. Porque sin ellos no sería lo mismo. Y porque no puedo alegarme más de haberlos conocido.
Era poco habitual encontrarse a gente de aquella clase en un
pueblo semejante. La gente que pasaba cerca no podía evitar girar la mirada,
temerosos de cruzarla con alguno de los dos, intentando abarcar los detalles de
sus ropas o la forma de sus siluetas en la memoria, para después comentarlo con
aquellos que no tuvieron la oportunidad de pasar a las cinco de la tarde por
delante de la estación del ferrocarril. A la señora no se le veía el rostro;
tal vez por ello a todos les quedó el recuerdo de ser la criatura más hermosa
que jamás habían visto.La forma de sus hombros se podía intuir bajo el pesado
chal azul que se extendía en mil plieges. El vestido, de un tono más oscuro,
pasaba a través de las patas de la silla debido a su volumen. Las manos,
enguantadas en un fino tejido de color lechoso, podían verse a veces rizando
algún largo mechón que había escapado del recogido bajo el amplio sombrero. El
caballero apoyaba un codo en la mesa y con la mano se acariciaba la barbilla
recién afeitada. De tanto en cuando se sacudía algún copo de polen que le había
caído en la solapa del traje, brillante como las perlas negras.
-Me gustaría saber qué estás maquinando en esa cabecita
tuya.
Ella no contestó. Ni siquiera giró la cabeza. Su pecho subía
cada vez que tomaba aire, cosa que hacía con suma calma. El canto de los
pájaros en las ramas de los naranjos alegraba la tarde soleada. Dos señoras
mayores pasaron cerca de allí por el adoquinado de la calle central, murmurando
con las cabezas tan juntas que las viseras de sus cofias tropezaban y el
fru-frú de las faldas se hacía audible. Dirigieron una mirada a los singulares
extranjeros y reanudaron la marcha tras un momento de silencio.
-Creo que no lo vas a adivinar. No esta vez.
-¿Estás nerviosa?
-Es a ti a quien le dan miedo, no a mí.
-No seas mala conmigo, anda.
-Nadie dijo que tuviera que ser amable.
El camarero trajo lo que se le había pedido. De la taza de
café se derramaron un par de gotas que resbalaron hasta llegar al plato. El
otro vaso llegó intacto por los pelos. El hombre se disculpó por su terrible
pulso y se marchó haciendo una leve reverencia, que fue contestada por una
levísima y displicente inclinación de cabeza.
-¿Chocolate caliente? ¿En verano?- rió la muchacha.
-Mira quién fue a hablar. Sóplale bien al café, no vayas a
quemarte la lengua.
La aludida asió con un dedo la tacita y la acercó a su
sonrisa. La colocó de nuevo sobre su platito de cerámica desgastada ya por el
uso, donde podían advertirse los restos de pintura de lo que fueron unas flores
rosáceas.
-Dicen que Sevilla es preciosa.
-Lo vamos a pasar muy bien. Dicen que los jardines son de
una singular belleza.
-No sé exactamente con qué esperas encontrarte.
-¿Lo sabes tú?
-Con gente maravillosa. Si son tal y como se muestran, lo
serán.
-Y a ti, ¿quién te lo ha dicho?
-Un pajarito. Uno azul.
-Entonces dice la verdad. Créele.
Un ferrocarril se detuvo en la estación con gran estruendo y
escupiendo una gran columna de humo rizado. Ambos apuraron sus bebidas. El
camarero se acercó para preguntar si querían algo más, pero ambos se limitaron
a coger las maletas y pedir disculpas, pues debían coger el tren antes de que
se fuera. Este se despidió de ellos, haciéndoles una nueva reverencia, y se
quedó a ver el convoy partir. Tenía algo de especial, algo que hacía que no se
cansase de verlo pasar aunque trabajase en el café de la estación. Cuando este
se fue perdiendo en la lejanía, observó la infinitud de las líneas férreas y
exclamó para sus adentros “¡Pero bueno! ¡Si no han pagado la cuenta!”

Por qué eres tan genial?! *lo achucha hasta matarlo* Te quiero, Elle!!!! T_________T <3
ResponderEliminar¡Me ha ecantando! Te ha quedado genial :D Muchas gracias :D
ResponderEliminarEstá genial Jose Manuel!!!!
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